Bután no es un destino que se visite por casualidad. Llegar hasta aquí requiere planificación, pero la recompensa es inmensa: monasterios colgados de acantilados, festivales que parecen sacados de otro tiempo, valles verdes donde el tiempo fluye a otro ritmo y la hospitalidad de un país que aún mide su riqueza en felicidad.

Esta propuesta de ruta de 8 días y 9 noches combina lo esencial del oeste de Bután con una de sus celebraciones más espectaculares, el Festival Tsechu de Paro, y el paso por cuatro de sus distritos más emblemáticos: Paro, Timbu, Punakha y Phobjikha.
Día 1 — De Paro a Timbu, primera inmersión en Bután
Nada más aterrizar en el aeropuerto internacional de Paro (uno de los más desafiantes para los pilotos) comienza el viaje hacia Timbu, la capital, en un trayecto de cerca de 1 hora y media. Por el camino se hace una parada en el Puente Tachog Lhakhang, el único puente colgante de hierro que sobrevive en el país, un vínculo entre el presente y el pasado medieval de Bután.

Ya en Timbu, un alto para probar los momos en el Momo Café marca el inicio de la experiencia gastronómica. La tarde queda para recorrer el National Memorial Chorten, el Tashichho Dzong, la Torre del Reloj y el templo Changangkha Lhakhang. Es el momento de empezar a sentir el ritmo de la capital.
Día 2 — Timbu, tradición y vida cotidiana
La jornada comienza con la imponente estatua del Gran Buda Dordenma, visible desde kilómetros a la redonda. Después, una visita curiosa: la Reserva del Takín, hogar del animal nacional de Bután, mitad cabra, mitad vaca, y del que la leyenda dice que fue creado por un santo budista.

El Centenary Farmers Market y el Mercado de Artesanías son un festín visual, ideal para entender qué se cultiva, se come y se produce aquí. Entre visitas, no olvides buscar al único policía de tráfico del país, famoso por dirigir los coches con gestos casi coreográficos. El día puede terminar en un campo de tiro con arco, deporte nacional, y una cerveza Red Panda en un rooftop de la ciudad.


Día 3 — Camino a Punakha
La carretera hacia Punakha pasa por el Dochula Pass, a 3.150 metros de altura, con 108 estupas y vistas espectaculares a los Himalayas en los días despejados. Desde allí se continúa hasta el valle, donde el alojamiento será en una Farmhouse, compartiendo la experiencia con una familia local.

Por la tarde se visita el Templo Chimi Lhakhang, famoso por sus singulares bendiciones, y el pintoresco pueblo de Yuwakha, conocido como phalus village por sus coloridas pinturas en las paredes de las casas y tiendas. La jornada finaliza en el convento Dorji Lhuendrup Lhakhang, un remanso de tranquilidad que permite asomarse a la vida monástica de la zona.
La noche concluye con una cena casera en la Farm House, acompañada de historias y hospitalidad genuina.
Día 4 — Punakha, entre ríos y montañas
Trekking matinal al Khamsum Yulley Namgyal Chörten, un mirador sagrado con vistas amplias del valle. Después, visita al Dzong de Punakha, situado en la confluencia de dos ríos y uno de los complejos monásticos más impresionantes del país.

Para cerrar la tarde, atravesar el puente colgante de Punakha, 180 metros suspendidos sobre el río y cubiertos de banderas de oración, ofrece panorámicas magníficas del dzong y del valle. La jornada termina con cena casera en la Farmhouse, un buen momento para degustar cocina local y conversar con la familia anfitriona.

Día 5 — Hacia el valle de Phobjikha
La ruta continúa hasta el valle de Phobjikha. Visitamos el Monasterio Gangtey Goempa y después, senderismo por el Gangtey Nature Trail, unas 2 horas de ruta suave entre praderas y bosques con vistas abiertas del valle.
Por la tarde, paso por el Centro de rehabilitación de la grulla de cuello negro para conocer su labor de conservación, check-in en otra farmhouse y baño tradicional de piedras calientes, dötsho, ideal para relajarse después de la caminata.


Día 6 — Regreso a Paro y comienzo del Tsechu
Tras cinco horas de carretera, se llega a Paro justo a tiempo para el inicio del Festival Tsechu, que se celebra en el Dzong de Paro. Entre danzas enmascaradas y trajes tradicionales, el festival es una oportunidad para ver cómo la espiritualidad y la vida comunitaria se entrelazan en Bután. Una parada en la Namgay Artisanal Brewery permite descubrir cervezas locales antes de instalarse en el hotel.


Día 7 — Festival Tsechu de Paro
Día completo para el Tsechu. Aquí conviene dar un paso más y alquilar un traje tradicional: el gho para los hombres y el kira para las mujeres. Entre los descansos, es buen momento para pasear por Paro y hacer compras de última hora.
Día 8 — El Nido del Tigre
La subida al Monasterio Taktsang, más conocido como el Nido del Tigre, es una de las experiencias más icónicas de Bután. La caminata de unas cinco horas (ida y vuelta) exige cierto esfuerzo, pero la recompensa visual y espiritual es incomparable. Por la tarde, tiempo libre para un masaje, más compras, o un segundo baño tradicional de piedras calientes.

Día 9 — Despedida de Bután
Los vuelos suelen salir temprano, pero antes de llegar al aeropuerto de Paro se puede hacer una última parada en un mirador para ver los despegues y aterrizajes, todo un espectáculo en uno de los aeropuertos más desafiantes del mundo.

Esta ruta es una propuesta basada en mi experiencia personal, pero puede adaptarse fácilmente según tus intereses, ya sea para enfocar más tu viaje hacia el trekking, la espiritualidad o los festivales religiosos. La agencia local Greenheart con la que yo viajé, puede ayudarte a diseñar tu itinerario perfecto por Bután.
En caso de que dispongas de más días aconsejo ampliar la ruta al Valle de Haa o el distrito de Trongsa, ambos muy recomendables.